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Los observas y te das cuenta de que entre ellos hay un tesoro que es y será su mayor fortuna. Y como dice Antoine de Sant-Exupéry tan esencial es, que es invisible a los ojos. Y aunque no puedes palparlo, ni tocarlo  ahí está en sus caras, en su amplia sonrisa y en su serenidad cuando se miran a los ojos.

Ávila, ciudad medieval y la Ermita de San Segundo, extramuros  junto al río Adaja,  fueron los lugares escogidos para dar el “si quiero”. La celebración en el espectacular Hotel Palacio de los Velada

Ester, no puedo decir otra cosa que no sea: estás preciosa…  Cuando vi el vestido que había elegido me quedé pasmada. El modelo Balira de Pronovias que ni decir le sentaba a la perfección.

Pero más pasmada me quedé cuando vi a Alberto esperando la llegada de la novia, con su traje negro, sencillo pero muy, muy elegante. Como es el, todo hay que decirlo.

No hubo nervios (quizás alguno a última hora, siempre surgen imprevistos)  porque las claves fueron: detenerse, contemplar y amar.

Detenerse para ver al otro, contemplar para no perder ni un detalle y amar, amar por encima de todo. Porque como os dije al principio ese es su mayor tesoro.

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