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Sabeis yo también quiero tener una boda como la de Alicia y Raul. Y no por el lugar escogido ni por el vestido tan maravilloso que llevaba Alicia, de los vintage, vintage de toda la vida: con un tejido que era para desmayarse simplemente con su tacto. O por el impresionante “mustang” color rojo con el que recorrimos parte de Madrid. Tampoco me interesa en exceso todas las florituras que hubo alrededor de ella o de todas aquellas a las que he podido asistir tanto como fotógrafa de bodas o  invitada. Por Dios no me entendais mal que ahora explico todo esto.

Yo también quiero una boda como la de Raul y Alicia porque tengo envidia (el sexto de los siete pecados capitales) Bueno todos los que me conocéis sabeis que llevo eternamente unida a mi “marido” unos cuantos años por el artículo 18 ( y todos sabéis que a el se le está haciendo eterno…, típica broma que hace)

Así que lo vuelvo a repetir aquí y en Pekin: yo quiero que mi boda sea como la de Raul y Alicia.

Porque cada vez que Raul miraba a Alicia lo hacía con pasión, con dulzura, con cariño, y yo me sentía como si Alicia estuviera descendiendo por un tobogán a una velocidad de vértigo, sintiendo como se le encogía el corazón, palpitando fuertemente hasta que ella le miraba y le devolvía esa misma devoción. Sintiendo ese hormigueo, esas mariposas en el estómago.

Pues ya veis que sencillo es o que complicado tal vez: yo tengo un amor tan puro y delicado, a la vez tan fuerte que como el de ellos. Un amor que vivirá y crecerá cada día y que se consolidará con el transcurrir de los años.

Cógeme de la mano y vamos a comenzar una nueva andadura. Cógeme que yo no te voy a soltar.

Si queréis ver más fotografías de esta boda podéis hacerlo aquí

 

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